Estas señales pueden indicar que eres una mujer autoexigente y es hora de parar.

La autoexigencia es positiva. Intentar cosas nuevas, aceptar desafíos, tratar de ser mejores… todo eso es en nuestro beneficio, pero cuando el nivel de exigencia es demasiado, nos estresamos por no poder responder a las expectativas que nos imponemos a nosotros mismos.

Tener metas es válido y necesario, pero cuando nos exigimos objetivos poco realistas, la depresión y la ansiedad están a la vuelta de la esquina.

Esto, puede generar estrés permanente, problemas emocionales y afectar nuestra salud. ¡Es hora de parar!

¿Estás en esta situación? ¡Lee estos consejos!

Fuente: CANVA

Descubrir de dónde viene.

Para dejar de presionarnos, debemos antes identificar de dónde viene tanta exigencia.

¿Por qué me presiono tanto? ¿Es una necesidad de reconocimiento? ¿Es miedo a fracasar, a la mirada de los otros, a no estar a la altura?

A veces, estamos saturados de creencias que no son ciertas y nos juzgamos mal. Debemos sincerarnos con nosotros mismos y “dejarnos en paz”.

Una prioridad al día.

El día a día es infernal, ya lo sabemos y es por eso que necesitamos establecer prioridades para no llegar a la noche muertos de cansancio.

Ten en mente una sola cosa para hacer por vez. Si no eres capaz de recordar todo lo que tienes que hacer y necesitas escribir una lista, es porque tu día está demasiado cargado.

Fuente: CANVA

Tener una consigna.

¿Sientes que la presión empieza a subir? ¡Recurre a tu consigna! Para “bajar las revoluciones”, utiliza una frase, una cita, un dicho… anótalo y léelo en caso de estrés.

Por ejemplo: “a veces, lo más productivo que puedes hacer, es relajarte”.

Te ayudará a “poner el freno” y, un rato después, volver a concentrarte en lo importante.

Ser positivo.

Si al final del día tienes la impresión de no haber hecho lo suficiente, no te detengas en ver el “vaso medio lleno”; eso es negativo para la autoestima y nos pone en una situación de ansiedad.

Mejor, concéntrate en todas las cosas buenas que hiciste y felicítate por eso.

Fuente: CANVA

Ser empático con uno mismo.

¿Si puedes serlo con otros, por qué no puedes serlo contigo mismo? Cuando nos exigimos demasiado, tendemos a ser poco agradecidos con todo lo que trabajamos y generamos.

Reconfórtate y felicítate por los progresos. Darte ánimos es el primer paso para bajar la presión.

5 minutos de relax.

¡Para! Es hora de tomarse 5 minutos para salir, tomar aire, ponerse al sol, hacer ejercicios de estiramiento o respirar profundo. ¡Te sentirás renovada!

Acepta los errores.

Equivocarse es parte de la esencia humana, entonces… ¿por qué nos frustramos tanto cuando cometemos un error? Somos responsables de las decisiones que tomamos, pero los resultados muchas veces se alteran por otros factores que no tienen que ver con nosotros.

No siempre las cosas salen como las planeamos. Debemos aceptarlo y aprender de esas experiencias.

Fuente: CANVA

Ser menos perfeccionista.

Las personas que se presionan tanto, a menudo también son perfeccionistas. ¡Todo tiene que salir perfecto!

Ser autoexigente es positivo, pero no olvidemos que la perfección no existe.

Tenemos derecho a equivocarnos o a cambiar de opinión y eso no nos convierte en malas personas.

Ser la mejor mamá, la mejor esposa, la mejor hija, la mejor amiga… puede superarnos.

Liberarse de la mirada de los otros.

La presión sobre nosotros mismos muchas veces viene de la mirada de los otros o de la comparación que hacemos con otros.

En vez de gastar energía comparándonos, aceptemos nuestras virtudes y nuestros defectos, sin “medirnos” con otros.

Concentrémonos en seguir nuestro camino, a nuestro ritmo y con nuestros medios.

Fuente: CANVA

Tomarse tiempo.

No por el hecho de “hacer”, es que tenemos que “hacerlo ya”. Tómate tu tiempo para pensar y reflexionar.

Muchas veces el estrés del fracaso o el error, se da como consecuencia de haber actuado de manera precipitada.

Tus proyectos y tu trabajo, incluso tus relaciones con otros llegarán a mejor puerto, si les dedicas un rato de análisis antes de actuar.

¿Te presionas demasiado? ¡Cuenta tu experiencia!

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